Llevaba meses tratando de hacerse invisible durante una tarde, pero ni su familia ni su empleo se lo habían permitido hasta hoy. Se había transformado en su único y triste anhelo desde que escuchó hablar de Dulce por tercera vez en los vestuarios del gimnasio que frecuentaba cinco días a la semana. Aunque le pareció desolador, pensó que necesitaba aquella tanto aquella visita al "Minies" que esa tarde nadie se lo iba a impedir. Se sorprendió a sí mismo de su propio ímpetu, de la decisión férrea e irrevocable que acababa de tomar a sabiendas de lo mucho que arriesgaba. Mirándose al espejo del aseo en su despacho, creyó intuir frente a él a un hombre que llevara entrando al famoso local durante toda su vida, pero pronto el miedo a ser descubierto por su mujer le devolvió a la realidad de que sería la primera vez que se metiera en la cama con otra.
Gael García, un empresario argentino de reconocido prestigio internacional, siempre se lamentaba con sus amigos más íntimos del poco tiempo que disponía para él. En más de una noche, tras aquellas reuniones interminables y ya con el aroma de un Bombay Saphire entrelazado con su nariz, les había reconocido lo mucho que le estaba costando acostumbrarse a su vida actual. También lo arrepentido que estaba de haber dado un giro tan radical a su futuro.
Añoraba aquellos años inolvidables a la fuerza, grabados en su torso depilado y sus brazos arañados con tintas de colores acuarelados, y que ilustraban sus recuerdos más íntimos antes de convertirse en el Director Ejecutivo de GCT, "Gael Construction Team", un emporio internacional en pleno auge dedicado al diseño y construcción de plantas industriales.
La visita al "Minies" era ya una obsesión. Suponía mucho más que un polvo furtivo; volver a la cama de una mujer con el simple objetivo de pasar un buen rato significaba revivir aquello que gritaban sus tatuajes bajo la formal camisa de cada día.
Añoraba aquellos años inolvidables a la fuerza, grabados en su torso depilado y sus brazos arañados con tintas de colores acuarelados, y que ilustraban sus recuerdos más íntimos antes de convertirse en el Director Ejecutivo de GCT, "Gael Construction Team", un emporio internacional en pleno auge dedicado al diseño y construcción de plantas industriales.
La visita al "Minies" era ya una obsesión. Suponía mucho más que un polvo furtivo; volver a la cama de una mujer con el simple objetivo de pasar un buen rato significaba revivir aquello que gritaban sus tatuajes bajo la formal camisa de cada día.

